Una noche loca con Lola

Hace tiempo que a Lola y a mí nos une una gran amistad. Desde nuestra etapa universitaria hemos disfrutado de una excitante y placentera relación. Cuando nos conocimos, la química de nuestros jóvenes cuerpos se expresó con provocadora lujuria y descubrimos juntos la esencia extática y perfumada del orgasmo múltiple y la orgía ilimitada. Muchas noches, mañanas y tardes pasamos follando, mientras juntos descubríamos los senderos más calientes e inconfesables deseos. Su culo era tremendo, ancho, redondo, prieto y duro, con un volumen casi excesivo, que pedía a gritos ven a joderme hasta romperlo. Su coño era un horno, una insaciable y rosada rajita con hambre de verga, y la mía, siempre estaba dispuesta a cruzar una puerta totalmente abierta. A entrar sin miramientos con golpes profundos y salpicar con mi leche las paredes carnosas de una alcoba como esa.

Nunca fuimos pareja. Siempre amantes. Esa fue nuestra única promesa. Y seguimos siéndolo, aunque ella está casada.

Aquella noche aprovechamos que su hombre estaba de viaje y decidimos darnos una buena alegría. Hacía un par de meses de nuestro último encuentro y mi polla parecía reventar bajo mis pantalones. Ella se presentó con un mini-vestido de impacto. Tacones altos y sin ropa interior. Mientras admiraba sus pechos y rozaba con mis dedos sus pezones, ella mojó los labios de su boca con un movimiento fugaz de la lengua y me dijo con una sonrisa perversa: – Hoy soy tu putita más dulce y guarra. Y tengo para ti una sorpresa, vamos a mi casa.

De camino. En el taxi, jugué con su clítoris y le metí un par de dedos en el ano. Ella contenía los gemidos y ponía carita de niña buena mientras miraba a los ojos del taxista, que no tenía ningún reparo en disfrutar de la escena gracias al retrovisor.

Al llegar a su casa, me sirvió una copa de bourbon, -Espera un momento, hay alguien que quiere conocerte- y me dejó a solas. Por un momento pensé que su marido, realmente, no estaba de viaje, pero cuando volvió a aparecer en el salón, la acompañaba una mulata impresionante de metro ochenta. -Te presento a otra Lola- mi cabeza empezó a comprender… -Hola preciosa- le dije. Ella me devolvió el saludo comprobando el tamaño de mi paquete con su mano. -Noche loca- Arrodillándose, sin más preámbulos, para buscar mi polla y empezar a chupármela.

Tenía la boca grande, y le cabía entera. Mi capullo acariciaba su garganta. Le faltaba aire, pero mi Lola no la dejaba, y agarrándola por la nuca forzaba la mamada. -Quiero que te comas también sus bolas, perra- Vamos, traga” y dicho y hecho. Lola demostró que sabía lo que hacía y se comió rabo y testículos. Mi corrida fue propia de una bestia. Todo empezó a darme vueltas y tuve que apoyarme en la mesa. -te gusta eh?- entre babas y esperma la boca de Lola era un túnel de feria y como una gata en celo su cuerpo se retorcía pidiendo más guerra.

Era una chica con polla, y al bajarse las bragas, lo que imaginaba saltó a la vista. Un transexual como mandan los cánones. Travesti muy femenina, exuberante, ninfómana y con un gran pene juguetón de casi 20 cm. Hasta el amanecer estuvimos jodiendo. Penetrando coño húmedo y estrecho culo. Para un sibarita del sexo anal como yo, todo un lujo.

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