Amante virtual

Hace tiempo que en la oficina, Cristina y yo tonteamos continuamente. Muchas horas pasamos juntos en el trabajo y a menudo nos levantamos la moral con bromas cachondas y juegos sexuales.

Cada lunes por la mañana me envía la foto de la semana y os puedo asegurar que alzarían a un muerto. Sugieren más que muestran. Provocan más que enseñan. Y en mi mente su cuerpo se abre totalmente desnudo. Ella busca, entonces, mi mirada. Y me regala desde la mesa de enfrente una sonrisa burlona.

Aquel día no lo olvidaré nunca. Fue la primera vez que hicimos sexo virtual -¿Cómo estás hoy casanova?” me preguntó nada más cruzar la puerta de la oficina. -Con lo que acabo de ver, la mami que me ha dado cita esta noche, va a tener que jugar a solas”, a lo que ella respondió -No seas así y cumple como un hombre. Pobrecita. Tú no sabes que triste duerme un conejito abandonado”. Mientras decía esto se acercó con carita mimosa. Hoy la notaba especialmente cachonda, sus tetas se alzaban al compás de una respiración ligeramente agitada. -¡Anda calla!” le dije -Que al final estrenaremos las sábanas”. Tenía un cuerpo precioso y a ella le gustaba mostrármelo. Se giró insinuante y volvió con pasos lentos y generosos a su mesa de trabajo. Su culo se movía y me llamaba. Me llamaba y se movía. Había dejado un póstid en mi mesa. Al leerlo, mi polla empezó a tener sacudidas -Hoy he venido con bolas chinas metidas en mi coño. ¿Quieres ver como me divierto con ellas? Te espero en la red. 22horas”. No pude evitar acariciarme, mirando alrededor disimulando. La cosa estaba subiendo de tono y nunca se había mostrado tan directa.

Ya en casa, y a la hora esperada, me planté delante de la pantalla de mi computadora. Ella también conectó y empezó la fiesta. Bienvenido al cibersexo.

Empezó a bailar con movimientos suaves. Quitándose poco a poco la ropa como una consumada stripper. Sus pechos desafiaban la gravedad y se mostraban exuberantes. Yo tenía mi polla en la mano y empezaba a masajear mi masturbador masculino. Antes de bajarse muy lentamente su braguita se acercó a la cámara y se puso a cuatro patas. La imagen de su hermoso culo llenó de carne y gloria toda la pantalla. Nunca la había visto completamente desnuda y ahora tenía su coño y su ano en primer plano. Empezó a acariciarse, se separó las nalgas con ambas manos, y abrió los labios de su vagina… ¡Y Ahí estaban las bolas chinas! como había dicho. Las sacó una a una y volvió a meterlas. Se retorcía. Las sacó de golpe mientras gemía y se frotaba la pepita. Cuando alcanzó el orgasmo lo celebró con gritos ahogados. Su chocho se contraía y ¡yo podía verlo! ¡Mi polla iba a reventar!

– Ahora te toca a ti, quiero que me llenes de semen la boca-. Y así lo hice. Ella también pudo ver como mi polla se convertía en puro fuego y disparaba enérgicos y copiosos lecherazos. La muy puta hacia como si mi corrida en su cara, mientras decía – ya tengo lo que quiero, ya es mío lo que quiero-.

Nunca imaginé sacarle tanto partido a la webcam. Desde entonces, siempre que tenemos ocasión, nos divertimos de lo lindo y follamos en Internet.

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